martes, marzo 25, 2008

24 de Marzo - Nunca Más

No fue casualidad.
No fue una guerra.
No hubo 2 demonios.
No tuvimos la desgracia de que justo tomaron el poder una banda de carniceros brutales y asesinos.
No.
Fue un plan premeditadamente orquestado para exterminar una generación que luchaba por un país distinto.
Fue un plan sistemático de la clase dominante económicamente para imponer una política de entrega y vaciamiento del país, que llegó a su paroxismo en diciembre del 2001. Fuerzas Armadas como instrumento supremo de las patronales “económicas” locales y universales.
Fue, una vez más, un genocidio justificado con razones de seguridad nacional (ver Irak).

Y como si todo esto fuera poco se robaron a los bebes (tenés hijos? que harías si un día el gobierno se lo lleva diciendo que se los va a dar a alguien que los va a criar mejor que vos?? y no los ves nunca mas...). Les cambiaron la identidad y les negaron el derecho a la verdad de su existir. Nada más monstruoso ni estratégicamente mejor planeado. Perverso.
Y encima desde el estado.
Que debe protegernos y cuidarnos.
Y si nos portamos mal debe juzgarnos.
Y si somos realmente culpables debe encarcelarnos.

Nada de esto hicieron. Sólo ajusticiaron con mano propia, en la oscuridad, como no haciéndose cargo.. y con la inverosímil opción de error "cero".

Pero no pudieron, no del todo. Por eso marchamos ayer y rebalsamos el Monumento de Lucha, Alegría, Memoria y pedido de Juicio y Castigo a los culpables. Y vamos a seguir haciéndolo, mientras haga falta...


Las murgas también sirven para reclamar justicia. Con alegría, esa que nos hace invencibles.

domingo, marzo 23, 2008

Misterios insondables de la naturaleza

Langosta

Grillo

La Langosta es VERDE, el Grillo es NEGRO...

(sí, pleno siglo XXI y hay gente que aún no lo sabe... pero es gente re querible igual!!!!)




miércoles, marzo 12, 2008

Julio

(mayo, 1996)

Era miércoles a la noche. Más o menos las once y diez, once
y cuarto... no me acuerdo. Lo que sí sé es que hacía un frío de
novela, como dice la Tata. Yo salía de la clase de teatro co-
mo siempre, tranquilo. Podría decir que estaba contento. La
clase fue, una vez más, un elixir para mi alma. Llegué a la
parada del 122 en Córdoba y Francia concentrado en los ejer-
cicios de relajación que tan bien me habían hecho. Me senté
en el umbral del kiosquito que hay al lado de la parada del
bondi y empecé a cambiarme las medias, mugrientas después de
dos horas y media de caminar por el aula "ex biblioteca" de la
Facultad de Medicina. "La higiene es la base de la salud "
suele filosofar mi vieja cuando advierte que quiero esquivarle
a la ducha. Si a la medicina hay que relacionarla con la salud,
y a la salud con la higiene, esa facultad tenía en sus pisos
"...todos los males de este mundo..." como canta Spinetta. Es-
taba, entonces, poniéndome las medias limpias y puteando la
mugre de la facultad cuando, sin querer realmente, lo vi sen-
tado en la puerta de la casa vecina al kiosco, a tres o cuatro
metros de mí, muerto de frío. Era un hombre joven, veintiocho
anos habrá tenido, no más. Su aspecto era terrible. Sucio has-
ta el último rincón de su cuerpo, con ropa de hace mil días,
rota y mojada. Su barba, si bien no era muy larga, estaba to-
talmente despareja, y el pelo, digo pelo porque "esa cosa" es-
taba cubriendo su cabeza, parecía el de una de esas muñecas con
que juegan nuestras hermanas de chicas, pero cuando las encon-
tramos tiradas en un rincón veinte años después. Además, esta-
ba descalzo.
Apenas había hecho este análisis cuando se percató de mi pre-
sencia y de mi mirada. No pareció muy molesto pero igualmente
me sentí incomodo por la situación así que volví lo ojos a mis
medias, ya no tan enojado.
- "Ey, flaco..." - me llamó despacio.
Levante la vista y con una tranquilidad que, en ese momento,
me pareció extraña lo miré como forma de respuesta. La cuadra
estaba desierta pero eso no me inquietó en lo mas mínimo.
- "Tenés un faso" - continuó casi tiritando.
Un amigo mío me diría en esta situación: " te das cuenta!,
este tipo está reventado y en lo único que piensa es en fumar!,
al final tengo razón yo... hay que matarlos a todos!".
Yo, que sé lo que es querer fumar y no poder, y además admito
mi ex costumbre de "pechador", no dude un instante y saqué de la
mochila el atado que tenía guardado. Me acerqué lentamente a
él y le di el paquete.
- "Tomá loco, sacá los que quieras"
- "Gracias, pero uno está bien." - dijo seriamente y agregó
con un guiño cómplice - "El cigarrillo es perjudicial para la
salud, ley 23.344".
Ese hecho tan insignificante, esa ironía que brotó de sus pa-
labras, me hizo sentir una cercanía y una confianza con él que
no dudé en largar una carcajada estruendosa que rebotó por to-
dos lo rincones de la noche.
- "Vos sí que sabés cuidarte la salud" - le dije continuando
con la burla.
- "Y.. otra no queda" - sentenció, y nos reímos como dos con-
denados.
- "Che, no te ofendas por lo que te voy a decir pero te veo
muerto de frío y descalzo... yo tengo dos pares de medias, no
querés uno?" - le ofrecí con temor a que se enoje o me malin-
terprete. Por las dudas agregué:
- "Mira que a mí me sobran..."
El me miró un instante y yo inmediatamente me arrepentí de
lo que había dicho temiendo haber roto la cuasi-fraternidad
que habíamos logrado. El, seguramente percibiendo mis ideas,
me tocó el hombro diciendo:
- "Está todo bien, flaco, te agradezco. Pero están sucias...".
Se hizo un silencio de un segundo que pareció pesar mil tone-
ladas y de repente explotamos de risa como dos locos. "Sucias..."
repetíamos como estúpidos sin parar de reírnos.
Como a los cinco minutos pudimos calmarnos y, aprovechando el
clima que se había creado, le pregunté:
- "Vos sos un delirado, o me equivoco..."
- "Te equivocás!" - refutó serio - "Yo disfruto de la alegría
de vivir solamente el hoy".
Esas palabras me hicieron pensar en tantas cosas que creí que
mis problemas vitales eran una pelotudez total, y que yo era
un típico boludo que "se quejaba de lleno".
- "Deja de pensar tanto y dame las medias de una vez que tengo
un frío de Dió" - soltó de pronto y era tal mi confusión que
no supe que hacer y empezamos a reír de nuevo.
- "Como te llamás?" - pregunté, ya repuesto.
- "Julio" - me dijo, - "y no me pidás que te explique por qué."
- "Por qué?" - le contesté con el tono típico de las minas que
viven para aparentar ser lindas. Se sonrió, y me explicó con
aires de maestra primaria:
- "Cuando nací mis viejos no sabían como llamarme. Yo soy el
menor de doce hermanos, te imaginarás que ya se habían queda-
do sin nombres en casa, así que como nací en julio, mi viejo
en un ataque de inspiración me puso el nombre".
- "Menos mal que no naciste en abril, sino tendrías nombre de
mina" - comenté jocoso.
- "Si hubiera nacido en abril me habrían puesto mil novecien-
tos sesenta y siete " - retrucó convencido.
Nos reímos otro buen rato y me sentí tan bien que quise, de
alguna manera, saber por qué estaba en esa situación y, de ser
posible, ayudarlo. Ese tipo no era un ñoqui. Tenía un vocabu-
lario y una rapidez mental que más de uno envidiaría.
- "Yo soy Luis. El nombre es por un músico que le gustaba a mi
viejo. " aseveré formal - "no querés venir a casa así te bañás
y de paso comés algo?. Tenés hambre?" - invité ya sin miedos,
- "de paso seguimos charlando...".
- "Lo de comer bueno, pero lo del baño lo tengo que pensar...
no sea cosa que me caiga mal tanta agua de golpe" - dijo, y
aprovechando que venía el colectivo nos subimos tan alegremen-
te que el colectivero nos miró con desconfianza. Lo entiendo
al pobre tipo... El aspecto de mi amigo era terrible y, ade-
más, yo no paraba de reírme.
- "Pagá vos " - me dijo Julio - "Yo no uso plata chica". Me
mordí para no explotar en una risotada que habría logrado, y
con razón, que el chofer del bondi nos llevara al psiquiátrico
mas cercano. Y pagué los boletos.

Nos sentamos en el fondo, a esa hora viene casi siempre vacío,
y por un momento me fui con el pensamiento tratando de imagi-
nar que cosas pueden pasarle a un tipo para terminar de esa
manera siendo que no es ningún gil, el vago. Deseché la típica
excusa de los tipos que se creen "Juan Domingo" y dicen que e-
so les pasa a los que no laburan. Pobres..! como si los im-
puestos que ellos pagan no servirían para mantener gente que
no solo no labura sino que nunca volverá a hacerlo. Pensé, en-
tonces, en alguna historia de amor frustrado que había hecho
que Julio se dejara al abandono, desdichado por algún amor im-
posible. En principio me sonó medio a novelita esa reflexión,
pero, pensándolo un poco más, recordé un caso que paso en la
ciudad donde nací que verificaba mi teoría. Además, creo que
un hombre es capaz de perderlo todo por la dama que realice
sus sueños mas profundos, cosa que dudo seriamente haría una
mujer. Me entusiasmó creer que Julio era un alma en pena y em-
pecé a imaginar una historia en la que yo lo ayudaba y juntos
lográbamos que se reponga y que encuentre otra mujer y se ca-
se y me nombre padrino...
- "Che, de que te reís." - me devolvió a la realidad Julio to-
cándome con el codo en las costillas.
- "No.. de nada." - desperté confuso - "Dale que en la próxima
bajamos...".

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- "Pasá y sentite como en tu casa, Julio."
- "Para sentirme como en casa me tendría que sentar afuera,
en el umbral." - comentó en un tono que no me pareció nada me-
lancólico.
- "En serio no tenés casa, o un lugar donde pasar la noche...
no sé, algún amigo..."
- "Tener tengo... y a mis amigos no me gusta joderlos... a ver
si me piden plata todavía!." - soltó alegre.
- "Bueno, andá y bañate que ya está todo listo. El champú está
en el placarcito. Y no escatimes jabón, lavate bien... sino,
no comes! - amenacé bromeando.
- "Si mamá... " - me contestó ya metiéndose en el baño.
Aquella noche charlamos hasta la madrugada, como pocas veces
lo pude hacer con alguien. Supe que Julio, así como se lo ve-
ía, estaba de novio con una piba tres años menor que él. Ana-
lía se llamaba y no le importaba que él fuera un tipo así. Es
más, nunca había intentado cambiarlo. Eso sí, con Analía, Ju-
lio se bañaba sin protestar...
Antes de que se fuera, le di la dirección de un amigo para que
vaya de parte mía por un laburo. Le pedí que se arregle un po-
co, antes, y le regalé una ropa que tenía guardada para que esté
más presentable. Sin abandonar su tono sarcástico, se despidió
diciéndome : " Gracias Teresa de Calcuta... si no fueras un
tipo te daba un piquito de agradecimiento".

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Hacía ya dos meses que no lo veía a Julio. Por casa no pasó
más y mi amigo me contó que se fue del laburo argumentando
haber encontrado otro un poco mejor. También me dijo que se
había emprolijado, no mucho, pero que se lo veía muy bien.
Además, había decidido terminar la primaria, como regalo para
su novia. Por eso cuando la vi venir, en la parada del colectivo
después de teatro, y preguntarme el nombre, supe que era ella.
Con los ojos húmedos dijo ser Analía, y lentamente empezó a
contarme como Julio había mejorado, que tenía un laburo piola
que le dejaba unos buenos mangos y que, con suerte, el año que
viene pensaban convivir. También me contó que su cambio de as-
pecto le jugó una mala pasada y una noche, volviendo tarde a
su casa, dos tipos del barrio no lo reconocieron y le clavaron
siete puñaladas para robarle lo que tenía. Entonces la abracé,
a pesar de saber que ella interiormente me odiaba.
Julio murió en el hospital cuatro horas después, desangrado.

Hace ya más de un año de esto y, todavía, me siento culpable.

lunes, marzo 03, 2008

Objetos Peronistas


Animalitos de cristal para modular o estante de vidrio.
Objeto decorativo fundamental en toda casa popular.
En este caso los delfines girando en torno a un anillo significan el amor eterno y la fidelidad.
Y sí, en los tiempos de Perón los matrimonios duraban para siempre...